Guías de excepción

Todo cámara o periodista ha vivido esa extraña sensación de llegar a un pueblo de la provincia de Cuenca para preguntar dónde se celebra aquel acto, si queda cerca el ayuntamiento o si la casa de Paqui la que hace bolillos está a la vuelta. El primer problema con el que te encuentras es encontrar a alguien por la calle y es que hay días de frío o calor extremo en los que no quedan ni las sombras. En otros lugares simplemente viven cuatro y en ese momento están ocupados en sus viviendas.

Sí al final tienes suerte y puedes bajar la ventanilla para preguntar a un lugareño te explicará en tres o cuatro pasos indicaciones “muy fáciles y claras” que hacen que te vuelvas a perder en la siguiente esquina, teniendo que volver a repreguntar hasta en dos ocasiones más cómo mínimo para llegar a tu destino. Si bien los pueblos no suelen ser muy grandes, los vecinos hablan conociendo hasta el último adoquín mientras tú o vas cada ciertos años o es tu debut en esa localidad.

Los mejores son los que te acompañan hasta dejarte “a tiro de piedra” del lugar al que necesitas llegar. Arramplan con la compra y andan unas calles hasta salir a la principal y con ese acento del lugar y el brazo en alto ser de total ayuda para no perder minutos valiosos que en la tele se valoran mucho.

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